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Las "Ofrendas" durante las celebraciones religiosas han sido una de las tradiciones más universales. Ya en los ritos paganos uno de los aspectos de estas "Ofrendas" consitía en entregar alimentos a las imágenes de los antepasados desaparecidos, Posteriormente -sin poder precisar fechas por falta de documentos- este ritual fue tomado por la Iglesia cristiana.


En el año 1689, el Obispo de Calahorra Pedro de Lepe dicta en el libro "Constituciones Synodales antiguas y modernas del Obispado de Calahorra y la Calzada" varias disposiciones sobre las "Ofrendas".
En Albelda, sabemos que existía la tradición de "La torta de pan en los funerales" desde mediados del siglo XIX, la cual desapareció en 1970.
Las referencias más fiables sobre la misma datan desde primeros de este siglo.


Hasta mediados dels siglo presente, la misa por el difunto venía a costarle a la familia la cantidad de 2 a 6 pesetas, dinero que iba destinado a la Parroquia como arancel por los servicios prestados. Durante la celebración de la misma, en el momento del Ofertorio, una señora se acercaba hasta el altar portando una cesta de mimbre en la que se llevaba una torta de pan. En el altar se arrodillaba y el monaguillo abría la cesta para que el cura bendijese la torta; éste, al terminar, le daba a besar su mano o la estola a la señora, que después se llevaba la torta. El destino de la "Ofrenda" era caer en manos del Sacristán como remuneración por sus labores altruistas.
Esta mujer no hacía ésto por encargo u obligación alguna, sino por voluntad propia, siendo la misma mujer la encargada de llevarla.

Julia Nicolás Las señoras que durante años llevaron a cabo ininterrumpidamente esta costumbre son recordadas por los Albeldenses y fueron entre otras: Tiburcia Rodríguez, Aurelia Ramírez y Julia Nicolás.

La desaparición de la "Torta de pan en los funerales" se debió al morir la señora Julia Nicolás, que la había portado durante muchos años, aunque después continuó llevándola durante ese año la vecina del pueblo Marilina Ochagavía.

Esta tradición que venía de ritos funerarios antiguos tenía un gran sentido religioso y se ofrecía como muestra de amor hacia el difunto, para purificar su alma, etc.